Lo esencial para situar la derivación en una vivienda
- Es el tramo que lleva la energía desde la centralización de contadores hasta el cuadro general de mando y protección de la vivienda.
- En España se rige por el REBT y, en particular, por la ITC-BT-15, con criterios de cableado, caída de tensión y canalización.
- No basta con mirar la potencia contratada: también importan la longitud, el tipo de tendido y la previsión de carga futura.
- La guía técnica del Ministerio de Industria recomienda cables no propagadores del incendio y con baja emisión de humos.
- En recorridos cortos puede bastar 6 mm², pero a medida que crece la longitud suelen entrar secciones de 10, 16 o 25 mm².
- La reserva de espacio en tubos y canales no es un extra: facilita ampliaciones y evita una reforma mayor más adelante.
Qué es y qué papel cumple en la instalación
Yo la explico siempre como el puente entre el contador y el cuadro de la vivienda. Es decir, el tramo que hace posible que la energía salga de la instalación de enlace y llegue de forma segura a la instalación interior, donde ya se reparte por circuitos de alumbrado, enchufes, cocina, climatización o cualquier otra carga doméstica.
En un edificio de viviendas, este tramo no es un simple cable “de paso”. Afecta a la seguridad contra incendios, a la caída de tensión y a la capacidad de crecimiento de la instalación. Si se diseña mal, los problemas no se quedan en un detalle técnico: aparecen calentamientos, disparos molestos, dificultad para ampliar potencia y, en reformas, obras mucho más caras de lo previsto. Por eso yo no lo trato como un accesorio, sino como una pieza estructural de la instalación eléctrica. Y precisamente por esa importancia merece la pena ver cómo está montada y qué exige la normativa antes de entrar en medidas y secciones.Cómo se compone y por dónde suele discurrir
La composición real depende del edificio, pero en una vivienda habitual la derivación incluye conductores, canalización y elementos de protección asociados al trazado. La guía técnica del REBT la sitúa como un tramo independiente para cada usuario, algo importante porque evita mezclar recorridos y facilita el mantenimiento.
- Conductores: transportan la energía desde la centralización hasta el cuadro de la vivienda.
- Canalización: tubo, canal protectora o conducto cerrado de obra de fábrica, según el caso.
- Conductor de protección: debe ir incluido en la canalización para mantener la continuidad de la puesta a tierra.
- Fusibles de seguridad y medida: forman parte del conjunto de enlace y protegen el tramo frente a sobreintensidades.
En la práctica, este recorrido suele atravesar zonas comunes, patinillos, bajantes técnicas o espacios registrables. Ahí es donde se nota la diferencia entre una obra bien pensada y una solución improvisada: cuando el trazado está claro desde el inicio, se reduce el riesgo de roces, puntos calientes y futuras intervenciones invasivas.
También hay una diferencia útil que conviene tener clara: una cosa es la derivación y otra la instalación interior de la vivienda. La primera alimenta; la segunda distribuye. Esa separación, que parece obvia, es justo la que se pierde cuando se hacen reformas parciales sin revisar el conjunto.
Qué exige la normativa en España
La referencia base es el Reglamento Electrotécnico para Baja Tensión y su ITC-BT-15. No es un tema de “costumbre de obra”, sino de condiciones técnicas que afectan a seguridad, dimensionado y compatibilidad con el edificio. La guía técnica de aplicación del Ministerio de Industria añade criterios prácticos que, en la obra real, son los que suelen marcar la diferencia.
Lo más relevante, en términos sencillos, es esto: el cable debe estar preparado para el entorno donde discurre, el sistema de conducción debe permitir ampliaciones y el trazado no puede comprometer la seguridad frente al fuego. La guía indica, por ejemplo, que los cables han de ser no propagadores del incendio y con emisión de humos y opacidad reducida, y que los elementos de conducción deben instalarse sin degradar la seguridad del edificio.
| Criterio | Qué implica en la práctica |
|---|---|
| Seguridad frente al fuego | Cables con baja emisión de humos y comportamiento no propagador del incendio. |
| Reserva de canalización | Tubos y canales dimensionados para poder ampliar la sección de conductores en un 100%. |
| Diámetro mínimo de tubo | En la guía técnica se fijan 32 mm como mínimo en las condiciones habituales de derivaciones individuales. |
| Caída de tensión | Depende de la configuración: 0,5% si hay contadores en más de un lugar, 1% si están totalmente concentrados y 1,5% en suministros para un único usuario sin LGA. |
| Sección de referencia | Como base práctica, la guía trabaja con 6 mm² para conductores polares, neutro y protección, y 1,5 mm² para el hilo de mando. |
La clave aquí no es memorizar números, sino entender la lógica: cuanto más largo es el recorrido y más exigente es la carga, más importante se vuelve la caída de tensión. Y eso nos lleva al punto que de verdad decide la sección del cable.
Cómo se dimensiona sin quedarse corto
Cuando dimensiono una derivación, no miro solo la potencia prevista. Yo compruebo tres cosas a la vez: intensidad, caída de tensión y forma de instalación. Esa combinación evita el error más común en reformas, que es elegir “un cable suficiente” solo por intuición.
La guía técnica muestra ejemplos muy útiles para viviendas monofásicas de 230 V y dos niveles de electrificación: básica, con 5.750 W, y elevada, con 9.200 W. A partir de ahí, la sección cambia según la longitud y el porcentaje de caída de tensión admisible.
| Longitud de la DI | Electrificación básica 5.750 W | Electrificación elevada 9.200 W |
|---|---|---|
| Hasta 14 m | 6 mm² | 6 mm² |
| Hasta 23 m | 10 mm² | 10 mm² |
| Hasta 38 m | 16 mm² | 16 mm² |
| Hasta 59 m | 25 mm² | No aplica en ese tramo de referencia |
| Hasta 8 m | No aplica en ese tramo de referencia | 6 mm² |
| Hasta 14 m | No aplica en ese tramo de referencia | 10 mm² |
| Hasta 23 m | No aplica en ese tramo de referencia | 16 mm² |
| Hasta 37 m | No aplica en ese tramo de referencia | 25 mm² |
| Hasta 52 m | No aplica en ese tramo de referencia | 35 mm² |
Yo me quedo con una idea práctica: la longitud manda tanto como la potencia. Una derivación corta puede funcionar con una sección modesta, pero un recorrido largo obliga a subir sección aunque la vivienda no sea especialmente exigente. Además, si el edificio prevé futuras ampliaciones, merece la pena dejar margen ahora; abrir de nuevo una canalización rara vez compensa.
Conviene añadir otro matiz importante. En suministros para un único usuario sin línea general de alimentación, la caída máxima admitida puede llegar al 1,5%. En contadores totalmente concentrados, el máximo baja al 1%, y si están concentrados en más de un lugar, al 0,5%. Esa diferencia cambia mucho la sección final y explica por qué no me fío de recetas genéricas.
Cómo se ejecuta bien en obra o reforma
Si tuviera que resumir una buena ejecución en pocos pasos, lo haría así:
- Definir la potencia prevista y la longitud real del recorrido.
- Elegir el sistema de instalación: tubo, canal, conducto cerrado o solución prefabricada.
- Seleccionar el cable adecuado para el entorno y para la tensión asignada.
- Comprobar la caída de tensión con la longitud total, no solo con un tramo “teórico”.
- Verificar que la canalización deja reserva suficiente para ampliaciones.
- Probar continuidad, aislamiento y correcta identificación antes de cerrar falsos techos o rozas.
En obra nueva yo vigilo especialmente dos cosas: que el tubo no quede justo y que el recorrido no fuerce curvas inútiles. En reforma, el punto crítico suele ser otro: coordinar el paso por zonas comunes sin improvisar empalmes ocultos ni soluciones que luego nadie pueda mantener. La instalación debe quedar accesible donde corresponda y claramente trazada.
También me parece sensato usar materiales con buen comportamiento frente al fuego cuando la derivación discurre por espacios comunes o muy sensibles. No es una decisión estética; es una forma bastante barata de reducir el riesgo y mejorar la durabilidad de la instalación.
Los fallos que más problemas dan después
Los errores más frecuentes no suelen ser espectaculares. Precisamente por eso pasan desapercibidos en el momento de la obra y aparecen meses después como molestias o averías intermitentes.
- Dimensionar solo por potencia y olvidar la caída de tensión.
- Dejar el tubo sin reserva, lo que hace imposible ampliar o sustituir conductores sin romper acabados.
- Elegir un cable inadecuado para el entorno, especialmente en zonas comunes o recorridos con exigencia de seguridad frente al fuego.
- Hacer empalmes ocultos donde no deberían existir, complicando mantenimiento y diagnóstico.
- Ignorar la demanda futura cuando se prevén inducción, aerotermia, climatización eléctrica o recarga de vehículo eléctrico.
- No comprobar el conductor de protección, que es tan importante como las fases y el neutro.
Hay señales que suelen delatar una derivación mal resuelta: parpadeos cuando entran cargas grandes, calentamientos anómalos, olor a aislante, disparos sin causa aparente o imposibilidad de subir potencia sin rehacer media instalación. Cuando veo alguno de esos síntomas, yo no lo interpreto como “caprichos de la red”, sino como un aviso de que el tramo intermedio merece revisión.
En muchos casos, además, el problema no está en el cuadro ni en el contador, sino en ese tramo que nadie quiere revisar porque está escondido. Y ahí es donde una pequeña decisión técnica evita una reforma mucho más cara después.
Lo que yo revisaría antes de cerrar el presupuesto o tapar la instalación
Antes de dar por buena una derivación, yo haría una comprobación muy simple pero muy útil: que el cable, la canalización y el trazado tengan sentido juntos. Si una de las tres piezas queda justo al límite, suele ser mala señal.
- Que la sección final no se haya elegido a ojo.
- Que el tubo o canal permita futuras ampliaciones sin romper acabados.
- Que el cable tenga la tensión asignada correcta y el comportamiento adecuado frente al fuego.
- Que el recorrido no mezcle soluciones improvisadas con tramos ocultos sin registro.
- Que la instalación se haya probado antes de cerrar paredes, techos o patinillos.
En términos de coste, lo que más pesa no suele ser el metro de cable, sino la accesibilidad, la reposición de acabados, la necesidad de nueva canalización y la complejidad del paso por zonas comunes. Por eso un presupuesto claro debe desglosar material, mano de obra, protecciones y pruebas, no solo dar una cifra global sin contexto.
Si la vivienda va a cambiar de uso, de potencia o de equipamiento en los próximos años, yo prefiero dejar un margen razonable ahora. En electricidad, como en arquitectura, el ahorro de hoy puede convertirse en la obra incómoda de mañana; una derivación bien pensada evita justo ese tipo de sorpresa.